Una de las principales características que vemos en las Escrituras acerca de Dios es Su autoridad. De hecho, Dios es el único ser en el universo que posee autoridad en un sentido absoluto. Esta realidad es palpable tanto en Sus palabras como en Sus acciones.

El Señor habla con autoridad en la Biblia y lo que Él dice siempre tiene cumplimiento. Esto es evidente desde los días de la creación. Cuando Dios habló con Adán, el primer hombre, Él como Rey creador le dio dos órdenes: cultivar y cuidar el huerto del Edén (Génesis 2:15). Después, Dios le dio otro mandato acompañado por una advertencia (Génesis 2:16-17). Debido a la desobediencia de Adán, Dios cumplió lo que le había dicho a Su criatura, expulsándola del Edén y demostrando la autoridad que tenía sobre ella. Nótese que el castigo impuesto por el Señor a Adán y Eva es una clara muestra de la autoridad de Dios sobre el ser humano: Él ordenó, advirtió y, debido a la desobediencia a Su orden, ejecutó la sentencia.

Otro ejemplo claro de la autoridad con la que Dios habla en la Biblia lo encontramos en Génesis 6; allí el Señor anunció que, debido a la maldad del hombre, Él destruiría la vida en la tierra por medio de un diluvio. Cuando el Señor le dijo a Noé que hiciera una inmensa arca de madera para preservar su vida y la de su familia (Génesis 6:13-16), debido a que las aguas cubrirían hasta las montañas más altas y arrasarían con la vida de todos los hombres y los animales, Él habló con autoridad; por esa razón, una vez Noé terminó de construir el arca, el agua cubrió toda la tierra tal como el Señor lo había dicho. El Rey del universo le dio una orden a las aguas y estas obedecieron.

Siglos después del diluvio, Dios le dijo a Abraham, el hombre que Él escogió para formar un pueblo para Sí mismo, que su descendencia estaría cautiva en Egipto durante 400 años, y esto efectivamente se cumplió (Génesis 15:13). Después de esos cuatro siglos, Dios libró a los descendientes del patriarca y los sacó, tal como lo había prometido, de esa tierra (Éxodo 12:40). En este hecho vemos la autoridad de Dios no solamente por medio de las 10 plagas que Él envió a Egipto, sino por algo particular que el Señor le dijo a Moisés para que Su siervo lo comunicara a Faraón, una frase que demostraba Su poder sobre esta gran nación: “Deja ir a mi pueblo” (Éxodo 5:1; 7:16; 8:1, entre otros). Es precisamente en el contexto de esta frase, y debido a la desobediencia de Faraón, que el Señor mostró Su autoridad de una forma contundente sobre los animales, los elementos e incluso sobre la muerte (ver Éxodo 7 al 12).

Una vez los hebreos salen de Egipto rumbo a la tierra prometida, comienza un largo período de fracasos al momento de caminar con Dios y seguir Su ley. Sin embargo, el Señor les envío profetas que anunciaban que ellos debían arrepentirse de sus pecados; de lo contrario, Dios los juzgaría por medio de las naciones vecinas. Y, efectivamente, estas palabras que fueron proclamadas con autoridad divina se cumplieron. El primero en caer fue el Reino del Norte, en manos de los asirios (722 a. C.), y posteriormente el Reino del Sur en manos del Imperio babilónico (587 a. C). Después de estar cautivos 70 años en Babilonia, el Señor los hizo regresar a su tierra. 

Con el paso de los siglos, y conforme estaba escrito (Hebreos 10: 5-7), el Señor mismo, el Rey eterno, vino a Su creación para salvar a Su pueblo del pecado que había entrado en ella a través de la desobediencia de Adán y Eva. Dios, quien siempre había hablado con autoridad ꟷantes y muchas veces por medio de los profetasꟷ, ahora hablaba por medio de Su Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad (Hebreos 1:1-2). ¡Y cuánta autoridad demostró Cristo mientras estuvo en la tierra! El mar le obedecía, los demonios le obedecían, las enfermedades le obedecían, y los pecadores le obedecían y creían Su mensaje, un mensaje en el cual el reino de Dios se había hecho manifiesto por medio de Él para demostrar la imperiosa necesidad que el hombre tiene de arrepentirse de sus pecados (Marcos 1:14-15).

Luego, incluso la misma muerte le obedeció y vino por Él en el momento en que le entregó Su espíritu al Padre (Lucas 23:46) ꟷes muy interesante ver que Jesús muere justo después de pronunciar esas palabrasꟷ. Él tenía autoridad para entregar Su vida y para volverla a tomar (Juan 10:17-18), y así lo hizo tres días después al resucitar de entre los muertos.

Después de la encarnación de Dios el Hijo, también vemos que el Señor habla con autoridad por medio de los apóstoles; ellos, como sus emisarios oficiales, llevaron las buenas nuevas de salvación comenzando desde Jerusalén y llegando hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8). Hoy, siglos después de la ascensión del Señor Jesús, Dios continúa hablando con autoridad por medio de la Biblia, Su palabra escrita, la cual nos sigue anunciando, tal como ocurrió en la antigüedad, que el Señor está obrando en Su mundo y llevándolo al fin ya prometido: el regreso de Cristo, el establecimiento completo de Su reino y el juicio de Dios sobre aquellos que no creen y no se arrepienten de sus pecados. Que nuestros oídos estén abiertos hoy y siempre a Sus autoritativas palabras.

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