Mucha agua ha pasado debajo del puente desde la última vez que publiqué un texto en «Peregrino»; es necesario entonces retomar justamente con un texto que estaba pendiente: la cuarta razón por la que el día de la muerte del Señor Jesús fue un «buen viernes».
Cristo redimió a Su pueblo
Las Escrituras nos enseñan que además de demostrar el amor de Dios, satisfacer la ira del Padre por el pecado y otorgarnos la justicia de Dios ꟷtal como comenté en el texto anteriorꟷ, la muerte del Señor Jesús redimió al pueblo de Dios. Pero, ¿qué significa redimir?
Redimir es, según la RAE, rescatar o sacar de la esclavitud al cautivo mediante precio. Por ejemplo, cuando alguien compraba un esclavo en los mercados del Imperio romano, dicho individuo estaba redimiendo a esa persona. Por tanto, cuando Jesús redimió a los Suyos Él los compró, los adquirió para Sí, al pagar un precio por ellos. ¿Quién era entonces el amo anterior que los creyentes tenían? El pecado. Referente a esto, Cristo mismo enseñó que todo aquel que comete pecado es esclavo del pecado (Juan 8:34); por tanto, aquellos que Jesús compró para Sí debían ser liberados de ese cruel amo.
Ahora bien, es interesante que la Biblia diga que los hombres que no han nacido de nuevo son esclavos del pecado, porque técnicamente el pecado no es alguien como tal, no es un ser vivo; sin embargo, las Escrituras lo personifican en muchas ocasiones para demostrar el poder destructor que este tiene sobre todos los hombres, incluso desde su nacimiento (Salmo 51:5), un poder que solo puede ser quebrado por Dios mismo. Es acá donde la muerte del Hijo de Dios interviene como aquella redención definitiva, esa compra requerida para liberar a los hombres del yugo del pecado. Pero, ¿cómo fue posible que la muerte de un solo hombre fuera suficiente para redimir a millones de creyentes a lo largo de las edades? Pues bien, Aquel que murió en Gólgota no era un hombre ordinario, Él era el cordero de Dios que quitaba el pecado del mundo, tal como dijo Juan el Bautista (Juan 1:29).
Relacionar al Señor Jesús con un cordero es interesante porque eran justamente estos animales quienes, al ser ofrecidos en sacrificio, cubrían el pecado de las personas que los llevaban a los sacerdotes. Cristo, sin embargo, no solo cubrió el pecado de todos aquellos que creen en Su nombre, Él, tal como afirmó el Bautista, lo quitó de forma definitiva al cargar la maldición del pecado en Su cuerpo sobre el madero (1 Pedro 2:24).
Cuando Jesús murió en la cruz Él redimió a Su pueblo al comprarlo a precio de sangre (1 Pedro 1:18-19); el justo por los injustos para llevarnos a Dios (1 Pedro 3:18). ¿Cómo reaccionas al saber esta verdad? ¿Das gracias a Dios por lo que Cristo alcanzó para los Suyos al morir en lugar de ellos? ¿Te has acostumbrado a pensar que Jesús murió en la cruz para liberarnos de la esclavitud del pecado? Si somos sinceros, esa es una tentación en la que solemos caer porque nos centramos en nosotros mismos y damos por sentado el alto precio que el Señor pagó para redimirnos. Pídamos entonces a Dios que limpie nuestro corazón de la apatía y llene de gozo nuestra alma ante Su obra gloriosa de redención, porque sin ella no tendríamos ningún tipo de esperanza en esta vida y en la venidera.

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