Tener un talento es poseer una habilidad que permite que nos destaquemos en una labor en particular. Lo mejor de todo esto es que el Señor les ha dado talentos a todos los seres humanos sin excepción, aun cuando una persona menosprecie aquello en que es buena en comparación con las habilidades que otro pueda tener.
Nuestros talentos definen lo que hacemos, nuestra profesión, la manera en que invertimos el tiempo y nuestra forma de ganarnos la vida. Es maravilloso pensar que aunque somos billones de personas en este inmenso planeta que el Señor creó, todos somos buenos en algo. ¡Eso es gracia! Además, si consideremos que muchos en el mundo no aman ni temen al Creador, se hace aún más patente cuánta gracia y misericordia Dios les da a Sus criaturas al regalarles dones y habilidades que les permiten, no solo ganarse el sustento sino disfrutar lo que hacen.
Existen personas que desde muy pequeñas conocen sus talentos y se preparan con anticipación para darles el mejor uso posible a lo largo de su vida. Por otro lado, para otros descubrir sus habilidades es un proceso que lleva años, y afinarlas se convierte en una tarea en la que deben invertir mucho tiempo. Sea cual sea nuestro caso, tal vez podemos estar en un punto medio, lo cierto es que una vez descubrimos nuestros dones nos esforzamos por ponerlos en práctica.
Ahora bien, Dios nos ha dado talentos para que los usemos, no tanto para nosotros mismos y para nuestro beneficio ─aunque evidentemente eso es parte de la bendición de tenerlos─, sino para Su servicio y el de aquellos que nos rodean. Por lo tanto, saber en qué contexto particular podemos usar nuestros talentos para lograr dichos propósitos es algo que debemos considerar con atención.
Vivir sabiendo que lo que hacemos con nuestros talentos está más allá de nuestro empleo o incluso de nuestra vida en este mundo, le da una perspectiva diferente a las cosas en las que tenemos una habilidad especial, y nos permite disfrutarlas aún más. Es bueno ver como otros son bendecidos por medio de lo que podemos hacer bien, y es mucho más gratificante saber que el Señor se place cuando ponemos a Su servicio aquello que Él escogió darnos.
Recordando un poco el tema de las motivaciones ─puedes leer ese texto abriendo el link─ , es importante entender que nuestros dones no siempre obtendrán reconocimiento. De hecho, eso es algo que ocurre frecuentemente; sin embargo, esas dificultades no deben hacernos olvidar para Quién hacemos las cosas como creyentes. No es fácil, pero eso es parte de la vida. Cuando esta situación se presente no debemos desanimarnos, sino pedirle al Señor gracia para no olvidar que nuestro servicio ante todo es para Él. Ahora bien, debemos considerar que nosotros también podemos hacer lo mismo con los demás, menospreciando sus habilidades o incluso dándolas por sentadas, y olvidando la importancia de demostrar agradecimiento por la bendición que recibimos a través de los talentos que ellos poseen.
Evidentemente todo esto es algo que requiere humildad, tanto al momento de usar los dones ─teniendo en cuenta que las personas no siempre reconocerán lo que Dios nos ha dado pero ofreciendo siempre lo mejor para Su Hijo porque Él merece nuestro mejor esfuerzo─, como al momento de reconocer los talentos de los demás, animándolos a que continuen su buena labor. Al final del día, debemos recordar que aún nuestros dones son del Señor, porque de Él por Él y para Él son todas las cosas (Romanos 11:36).

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